Impulsado por las promesas electorales o no, lo cierto es que vuelve a formar parte de la agenda política española actual el tema del cambio de la zona horaria de España. Mariano Rajoy es quien propone volver a la zona horaria del meridiano de Greenwich (se lee grénich, curiosamente), ese que pasa justamente por Aragón, después de que en 1942 Franco decidiera que el reloj nacional debería marchar a la misma hora que los otros países europeos más afines políticamente, sobre todo con la Alemania nazi. Con ese cambio también propuso que la jornada laboral pasase a finalizar sobre las 18h, algo que muchos sabemos no se cumple.

Ahora, el objetivo es equipararnos al resto de países de nuestro entorno motivados por las ventajas económicas y sociales, racionalizando los horarios y flexibilizando la jornada laboral. Entre otras medidas, Rajoy pretende promover un «banco de horas» para que los trabajadores dispongan de determinadas horas para dedicar a la conciliación y aumentar en diez días los permisos de paternidad para padres discapacitados o con hijos con discapacidad. Esto porque, como es sabido, un día típico de un trabajador español empieza temprano y acaba tarde, lo que no es propicio para un matrimonio saludable entre la vida personal y profesional. De hecho, otra de las ideas planteadas sugiere adelantar el prime time televisivo para permitir que los españoles se vayan a dormir antes.

 

Horario actual español

Afortunadamente, muchas empresas han optado ya por cambiar sus propios horarios en un esfuerzo de acercamiento a los nuevos hábitos de trabajo, mucho más preocupados por el bienestar del trabajador y sobre este tema podemos hablar en la primera persona. Dados los beneficios de un horario en función de la persona y no de la empresa, seguimos un horario más flexible, o sea, que no se vera afectado por estas nuevas medidas. Algunos de nosotros viven en otros países y todos podemos trabajar desde casa en algún momento, con total independencia. Así se promueven relaciones de confianza entre los miembros del equipo que se traducen en satisfacción en el trabajo. Y empleados felices, empresas con mejores resultados. No debemos permitir que los sucesos del cotidiano puedan definir el método de trabajo de las empresas, puesto que lo importante son las personas.