A todos nos gusta aprender, a pasar a saber algo que antes no sabíamos. Pues resulta que los estudios demuestran que la combinación del desarrollo cognitivo y la relación social y emocional entre el profesor y el estudiante son cruciales para el éxito o el fracaso del aprendizaje formal. Más que el dominio de la materia que enseña, el maestro tiene que saber inspirar y motivar a sus estudiantes. Estas son las características que se relacionan con el componente emocional y se desarrollan con la empatía.

¿Quién no ha tenido a ese profesor aburrido, impaciente y absorbido que llega a la clase y comienza a «vomitar la materia», haciendo con que temas que antes te gustaban te parezcan en ese momento poco interesantes? Te replanteas por qué optaste por ir a clase, apuntarte a ese curso e incluso si vale la pena el esfuerzo por aprender (poner aquí el idioma que quieras). Esta falta de interés es en la mayoría de veces un reflejo de la insatisfacción con el profesor, por el simple hecho que no se aprende con personas que no nos caen bien.

De acuerdo… cultivar la empatía es esencial. Pero, ¿cómo hacerlo?

Un profesor empático es aquel que se pone en el lugar del estudiante y trata de entender sus intereses y necesidades, recurriendo al mejor contenido para llevar a la clase de acuerdo a sus preferencias – hablamos de proximidad y capacidad de adaptación. Si el profesor es capaz de hacerlo de manera divertida e interactiva mejor, pero es esa capacidad que hará con que el estudiante esté concentrado, abierto, comunicativo y participativo.

Nosotros no podemos prometer que sea la cosa más fácil del mundo enseñar una clase con esta relación de confianza y proximidad ya que dependerá también de factores externos al formador, como la duración de la formación. Tomemos el caso de las clases de Idiomplus: tenemos formaciones de una hora a la semana y otras mucho más intensivas de 20 horas a la semana; con todo ese tiempo juntos, es normal que, de alguna forma, «el roce haga el cariño». 🙂

En todo caso, sabemos que un buen profesor hace que el tiempo vuele y te quedes con ganas que la clase no se acabe, pero también que estará siempre interesado en aprender algo contigo también, y esto es lo que distingue a los grandes.