La migración al mundo digital ha acarretado cambios en el comportamiento de algunos usuarios, que en ciertos casos se podría decir que son todo menos cordiales – si no queréis saber más, no entréis en según que foros. Lo curioso es que la misma persona puede actuar de modo distinto según se encuentre en el mundo real o en el mundo virtual, creando así malentendidos o peor. Hoy en Blog+ hablamos de un código no escrito que también circula por el entorno 2.0, el Netiquette.

 

😉

En el momento que se pasa a formar parte de una comunidad, red social o plataforma, se ha de actuar por igual que en la vida cotidiana, aplicando pues por ejemplo, un saludo y despido en el momento que se considere oportuno. Lo mismo sucede en las listas de discusión. Se ha de ser cortés, siendo conscientes que nuestros mensajes pueden ser leídos por individuos de entornos culturales distintos y sensibilidades varias. El respeto contribuye a favorecer la convivencia en la red, ya que más vale ser obvio que crítico.  Además, hay que saber poner límite al tema de conversación que se puede emplear en la red, es decir, considerar si es oportuno reemplazar el cara a cara en los temas serios, como por ejemplo pedir a tu jefe por e-mail que te cambie las fechas de tus vacaciones o te aumente el sueldo. Sin embargo, el protocolo online también sabe de contenidos, considerando necesario compartir los resultados obtenidos de las investigaciones que realicemos. El motivo se remonta a los inicios de Internet, cuando la cortesía de compartir información fue empezada por los investigadores, ya que entre ellos intercambiaban información para poder mejorar sus estudios científicos. La vocación de Internet hacia la difusión de la información y conocimiento, una forma de democratizar el saber, obliga también a respetar unas normas de comportamiento. Además, un emoticon de vez en cuando puede hacer rebajar nuestro tono y dar un toque de empatía que tantas veces falta en los debates públicos.
Una vez más, gracias a la tecnología y a la comunicación no verbal que generan los idiomas, vemos cómo evolucionan conceptos tan antiguos cómo el protocolo y la buena educación. Ser cortés no es algo del pasado, pero no tiene que ser como se hacía antiguamente. Como en todo, nuestra libertad virtual no puede hacer daños colaterales a los demás, si lo que queremos es tener una Internet realmente democrática asiente en el respeto mutuo, incluso en una semana en que descubrimos que el gobierno de EEUU puede estar a la escucha. Gracias y buena semana 🙂