¿Alguna vez te haz sentido diferente hablando otro idioma? ¿Más divertido, más elegante, más serio? ¿Podría ser que los bilingües que hablan dos (o más) lenguas cambien su personalidad cuando cambian de idioma? Carlos Magno ya decía: Saber otro idioma es como poseer una segunda alma”.

 Cualquiera que se haya tomado el desafío de aprender un nuevo idioma probablemente pueda relacionarse. Pero es más que un simple sentimiento: la investigación sugiere que nuestras personalidades pueden cambiar en función de la lengua que hablamos.

Un estudio realizado por David Luna y sus compañeros solicitó a una muestra de estudiantes mujeres bilingües hispanoamericanas que interpretaran un mismo anuncio dónde salía una mujer limpiando la casa, primero en un idioma y, seis meses después, en el otro. Descubrieran que, en las sesiones en castellano, los bilingües percibían a la mujer en el anuncio como más autosuficiente y extrovertida. En las sesiones de inglés, sin embargo, expresaron opiniones más tradicionales, tenían una visión de la mujer más dependiente y orientada a la familia.

Otro estudio de 2006 conducido por Nairan Ramírez-Esparza, profesor asistente de psicología social de la Universidad de Connecticut, y sus colegas, pidió a los mexicanos-estadounidenses bilingües que hicieran un examen de personalidad tanto en inglés como en español.

El estudio encontró que los sujetos obtuvieron puntuaciones más altas en extroversión, amabilidad y conciencia en la versión inglesa de la prueba. Los autores especulan que esto puede reflejar el hecho de que las culturas individualistas (como la de los Estados Unidos) ponen un alto nivel de asertividad, logro y amistad superficial, mientras que es menos importante cantar sus propias alabanzas en culturas colectivistas (como la de México).

«El lenguaje no puede separarse de los valores culturales de ese idioma», dice. «Te ves a ti mismo a través de los valores culturales de la lengua que estás hablando.» Tiene sentido que este efecto se sienta particularmente fuerte por las personas que son biculturales, así como bilingües, porque tienen una base sólida en múltiples culturas.

Es importante también el hecho de que al cambiar el lenguaje, cambia también la forma de como se construyen las ideas. Algunos idiomas tienen palabras que expresan sentimientos o acciones que otros no tienen, o mismo la formas como se construyen las frases pueden condicionar la forma como percibimos el mundo al nuestro rededor. Por ejemplo, en inglés, tenemos formas verbales que expresan la temporalidad de una forma que el alemán no tiene. Esta diferencia lingüística parece influir en cómo los hablantes de las dos lenguas perciben los eventos y consecuentemente en la forma como actúan en relación a ellos.

Sin embargo, es difícil distinguir esta construcción entre lenguaje y cultura. ¿Es el lenguaje que nos proporciona una nueva personalidad, o la personalidad proviene de que nos dejamos llevar por los hábitos asociados con ese idioma? ¿Serán los escandinavos menos ruidosos debido a que su lenguaje tiene sonidos menos duros (que el alemán por ejemplo), o es que generalmente evitan hablar con extraños a menos que sea estrictamente necesario?

Entre 2001 y 2003, los lingüistas Jean-Marc Dewaele y Aneta Pavlenko preguntaron a más de mil bilingües si «se sienten como una persona diferente» cuando hablan diferentes idiomas. Casi dos tercios dijeron que sí. Aunque este tema nos deje muchas preguntas, una cosa es cierta, hablar regularmente un segundo idioma nos hacer ver literalmente el mundo de una manera diferente.