Tienes un problema y hablas con alguien que te escucha atentamente y al final te dice: «sé exactamente cómo te sientes.» ¿Cómo te sientes cuando te dicen eso? Comprendido y confortado, de cierta forma más cercano a esa persona, ¿verdad? Nosotros, como seres sociales que somos, necesitamos que nos entiendan y buscamos la comprensión en los demás. En las empresas pasa lo mismo con los equipos de trabajo. El CV y los rasgos de personalidad A, B o C de fulano, beltrano y sicrano por si solos no hacen un buen equipo. Estas características todavía son muy valoradas en muchos procesos de selección, filtradas a través de tests de personalidad y psicotécnicos pero suelen olvidar que el todo es más que la suma de las partes. Como lo confirmará cualquier entrenador, tener a los mejores cracks no significa por si solo que vayan a jugar el jogo bonito. Esto sucede porque más que las personas, los equipos se basan en las relaciones interpersonales. Un reciente estudio realizado por Google, el «Proyecto de Aristóteles», que se dedica a estudiar lo que lleva unas empresas a ser mejores que otras, lo demuestra bien: lo que es verdaderamente decisivo para el éxito de un equipo ocurre a nivel de la inteligencia emocional y pasa por el dominio de las relaciones interpersonales – «los mejores equipos respetan las emociones de los demás.» Esta conclusión no es nueva; refuerza simplemente lo que en 1989 había sido declarado por Stephen Covey: «Los miembros de los equipos productivos hacen el esfuerzo de entenderse unos a otros, encuentran una manera de relacionarse entre sí y luego tratan de hacerse entender.» (“The 7 Habits of Highly Effective People»).

relaciones interpersonales

En definitiva, hablamos de la empatía. Respetar las emociones de los compañeros de equipo pasa por aprender a ponerse en su lugar, dejando a un lado los egocentrismos y escuchando y valorando quien está remando con nosotros; estar abierto a nuevas ideas y hacer espacio para compartir diferentes puntos de vista, creyendo que por haber diferentes opiniones no tiene que existir alguien que, necesariamente, está incorrecto – estas pueden parecer ideas cliché, pero si son clichés es porque contienen verdad en sí mismas. Discutir ideas en equipo, compartir opiniones sin temor al ridículo – la libertad para esto se logra con confianza y la confianza se construye sólo a través de la empatía. Sin sentimientos de complacencia o paternalismo, dejemos la empatía ser la fuerza motriz de la comunicación para los ecosistemas innovadores y las empresas de éxito.

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